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La vida después de la vida

Granada es la provincia española más solidaria en la donación de órganos, el número de personas que se niegan es el más bajo .
Las familias de los donantes hablan de sus experiencias que nunca resultaron fáciles después de perder a un ser querido.

Anónimos, no. Los donantes tienen nombre y apellidos, son héroes capacitados para devolver la salud, la vida, la pena o la alegría a personas aparcadas en el borde de la muerte, allá donde nadie se asoma.

Superman no tiene parangón con estas personas, Gandhi se queda pequeño a su lado, y Los Reyes Magos son aprendices de estos magos de la sociedad capaces de regalar vida después de la vida. Desde el primer trasplante realizado en Granada hasta hoy más de mil personas han donado sus órganos para que otras seis mil sigan viviendo, según datos de la Organización Nacional de Trasplantes. Uno de los últimos donantes del pasado año fue un bebé con tres días.
Jairo murió atropellado en un accidente de tráfico hace cinco años y medio, tenía sólo catorce años. «Todo fue muy rápido. No era capaz de asimilar todo lo que nos estaba pasando a mi marido y a mí. Al poco de fallecer mi hijo, nos comunicaron si queríamos donar y dijimos que no. Pero a los pocos minutos no sé qué ocurrió, que fuimos en busca del médico para decirle que sí queríamos donar». Dolores Álvarez, la mamá del pequeño de 14 años, deja correr algunas lágrimas mientras trata de dominar su voz para continuar narrando su experiencia como donante. «Es duro y nunca se supera», pero sobre todo «después te sientes muy sola, al principio se vuelcan mucho con el donante, pero después nadie se acuerda de ti».
Una simple bolsa de plástico permitió a Dolores contactar con la asociación de familiares de donantes anónimos, dirigida por Ana Isabel Herrero. «Yo vivo en una pedanía de Alcalá la Real (Jaén) y un día en una tienda me dieron una bolsa con los datos de Afada. «Llamé y me desahogué, fue un alivio. Después he pasado un tiempo sin llamar, ahora he vuelto».
Inmejorable
José Miguel Pérez Villares es el nuevo coordinador de trasplantes del sector Granada-Jaén. Lleva pocos meses al mando de la nave y viene cargado de ideas, proyectos e ilusión. Él y dos veteranos como Manolo Burgos y Blas Baquedano, todoterrenos allá donde los haya, tienen una gran parte de culpa de que la provincia granadina sea la más sensible del país y de Europa en la donación de órganos vitales. Aunque los mayores responsables son los donantes. «Granada está entre un 7 y 10% de negativas familiares o lo que es lo mismo, entre un 90 y un 94% de familias deciden donar los órganos del ser querido», apunta Villares. Esta media en Andalucía se eleva al 18%, en España al 17% y en Europa al 20%.
El anonimato de los donantes dejó de ser tan anónimo cuando nació la asociación de familiares de donantes Afada. Ana Isabel Herrero perdió a su hija hace 11 años. Doce meses después, la invitaron a un acto sobre trasplantes de órganos y se quedó de piedra cuando todos recibían flores y premios (médicos, cirujanos, asociaciones de trasplantados) y «no tuvieron el detalle de ni siquiera mencionar a las familias de los donantes que allí estábamos». Desde aquel entonces, tomó la bandera para lograr un reconocimiento a los donantes y en este tiempo ha logrado abrir un piso para alojar a familiares de enfermos que vienen de otras provincias sin recursos económicos. Su asociación presta un servicio de autoayuda y facilita cualquier tipo de asesoramiento a familiares de donantes. Además del piso, de las conferencias, participación en jornadas, terapias. este volcán de mujer promueve un monumento al donante que no acaba de recibir el apoyo suficiente para erigirse como un homenaje a esas personas que se despiden de la vida regalando vida. «El donante no está reconocido lo que debería estarlo. Las familias necesitan mucho después de la donación, porque el dolor es mucho. Nadie les facilita terapia ni nada similar. A nosotros nos cuesta Dios y ayuda mantener el piso que tenemos. Hace falta más colaboración», dice Isabel Herrero. El Ayuntamiento promueve más de ocho monumentos en la ciudad, pero ninguno será para el donante.
Sin arrepentimiento
«Cuando doné los órganos de mi hija sabía muy bien lo que hacía y no me arrepiento». Sin embargo, confiesa que a lo largo y ancho de estos casi diez años de asociación ha tenido ganas de «tirar la toalla» cuando se ha chocado de frente con la «envidia, con el egoísmo o con la incomprensión».
Las cosas han cambiado mucho en estos últimos diez años. Una de cada tres familiares de fallecidos solicita sin que nadie se lo diga la donación de órganos; un 10% de la población, mayoritariamente jóvenes, disponen de la tarjeta de donante. «La sociedad cada vez está más sensibilizada, pero nos harían falta el doble o triple de órganos para dar respuesta a todas las necesidades que tenemos», dice el coordinador provincial de trasplantes.
Una de las cosas que han cambiado y en la que Granada está a la cabeza es en la donación de órganos de donante vivo. No hace falta morir para regalar vida. Alfonso Álamo le ha dado a su hermano un riñón hace pocas semanas. «Cuando me enteré de lo que necesitaba mi hermano, ni yo ni el resto de la familia tuvo ninguna duda en dar ese riñón». El receptor, Juan Álamo, confiesa que le estará eternamente agradecido a su hermano, a la asociación de enfermos renales Alcer y al «maravilloso» equipo médico «que me ha atendido», sin «ellos igual no estaría aquí en estos momentos», confiesa.
La Junta le acaba de otorgar una bandera de Andalucía al trío formado por donantes, equipo sanitario de trasplantes y trasplantados. «Una bandera que al menos arropa al donante»