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Los casi 900 donantes de órganos registrados en Granada han logrado salvar más de 12.000 vidas. Ya disponen de un monumento en Traumatología.
El año 1986 empezó con el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea, Felipe González renovó su mayoría absoluta y la mano de Diego Armando Maradona, la mano de 'Dios', le metió el primer gol al guardameta inglés Peter Shilton en la final del mundial de México entre Argentina e Inglaterra. Un gran año, sobre todo para Granada, donde dos profesionales encomiables como el nefrólogo Antonio Montes, ya fallecido, y el enfermero Rafael Arisa comenzaron a darle forma a la coordinadora de trasplantes, al equipo 24 horas, encargado de extraer órganos de donantes muertos y vivos, para después trasplantarlos en enfermos residentes en la calle más oscura, sin número. Hubo que esperar hasta 1992 para disponer oficialmente de la Coordinadora de Trasplantes.
Le metieron a esta ciudad un chute de vida y esperanza sin apenas dinero, con mucha voluntad y demasiado altruismo. Dos quijotes, acompañados por otros muchos profesionales de la sanidad granadina, que tienen mucho que ver con el monumento inaugurado ayer en el Hospital de Traumatología en homenaje al donante de órganos. Ellos, los anónimos, quienes perdieron la vida en un accidente de tráfico, en la Unidad de Cuidados Intensivos, o quienes sin fallecer han regalado una parte de su cuerpo a un familiar o a una amiga suman casi 900 desde 1986.
Antonio López es padre de uno de esos donantes, un menor de 17 años que perdió la vida en un accidente de tráfico. «Cuando lo vi, lo primero que pensé fue en cómo aprovechar sus órganos, para lograr que otros vivieran». Los pulmones, corazón, córneas, hígado, riñón... sacaron del abismo a 14 enfermos que sin esa donación volvieron a nacer. Más de 12.000 personas han revivido, renacido o simplemente han vuelto a sonreir a la vida gracias a los casi 900 donantes registrados en Granada desde 1986, una media de 35 por ejercicio.
Después del gesto altruista del donante «queda la larga travesía por el desierto», de la familia. Ana Isabel Herrero convirtió ese camino en una asociación de donantes anónimos. «Queríamos luchar porque la sociedad reconociera el gesto tan bello de la donación y cada vez se palpa más este reconocimiento, aunque queda camino por andar». Este pulmón de vida abrió un piso para las familias sin recursos obligadas a instalarse en Granada durante el tiempo que el familiar pasa en el hospital, bien cuando se trata de un trasplante, bien cuando es por un problema de cuidados intensivos. Quinientas personas han desfilado ya por esta vivienda, que ahora cambiará de sede, en busca de un alquiler más rentable. La crisis no perdona a nadie. Su asociación AFADA también promueve otro monumento al donante.
Ángela Tejeda sonreía ayer a su hija Lucía junto a la granada que abraza a dos corazones, instalada en los jardines del Hospital de Traumatología. Una sonrisa rebosante de esperanza, porque fue la misma que le permitió lanzarse a continuar adelante con el embarazo de Lucía, hoy tiene nueve años, en 1999 después de ser trasplantada de riñón. «Fue una alegría. Antes de recibir el trasplante pasé tres años en diálisis, después vino el trasplantes, y no quise cerrar las puertas a la vida, por eso quise quedarme embarazada. Nada hubiera sido posible sin el riñón donado por no se sabe quién.
Granada ostenta una tasa de negativas familiares por debajo del 10%, es decir, de cada 100 familias de donantes, sólo ocho o nueve, se niegan a ceder los órganos vitales del fallecido. Entre los ilustres donantes, Granada tiene al más joven y al más longevo de Andalucía. El primero fue un bebé de tres días, que con tan poco tiempo permitió salvar la vida de al menos otros 14 bebés o niños pequeños que estaban a la espera de un órgano vital para seguir adelante en la vida. El donante con más años de tenía 86 primaveras cuando se despidió el pasado año de este mundo. Se marchó de la mejor manera. Las dos donaciones se realizaron en el Hospital Clínico san Cecilio.
Jesús Ortiz es otra de esas personas imprescindibles para la sociedad. Fue de los primeros trasplantados de hígado en Granada. No se quedó de brazos cruzados, después de salir del hospital. Inició una cruzada por centros educativos, hogares del pensionista y otros rincones de esta provincia anunciando los riesgos para la salud del consumo excesivo de alcohol o cualquier otro tipo de sustancia tóxica. También fundó una asociación de trasplantados hepáticos, Atheg, y abrió un piso para enfermos de hígado. Ayer dio las gracias en voz alta, a esa persona, a esas personas anónimas, que le dieron, que dan, órganos vitales para seguir llorando riendo en esta comedia que siempre sabe cuando sube el telón y nunca cuando se bajará para siempre.
Ramón Mancebo, ex presidente de los trasplantados renales de Alcer en Granada, es otra de esos eslabones indispensables en esta provincia. Además de llevar durante muchos años la asociación Alcer, montar una bolsa de trabajo y abrir un piso para enfermos de riñón, ha sido una de las personas que más se ha volcado con la sensibilización en la donación de órganos. Ayer, también dio las gracias al donante. Como lo hicieron la delegada de Salud, Elvira Ramón, o el coordinador del equipo de Trasplantes, José Miguel Pérez Villares. «Sin ellos nada sería posible», subrayó.
Familiares y trasplantados se unieron ayer en este tributo a los donantes anónimos en un homenaje a la vida, a quienes se despiden pasando el relevo a quienes están al borde del abismo, a quienes quieren pero no pueden si no llega ese hígado o ese riñón. Dos de las personas que más casos han vivido de donación y trasplantes fueron los encargados de descubrir el monumento, cedido por el artista Miguel Ruiz Jiménez. Manolo y Blas pidieron ayer ser anónimos, también. «No nos cites», pidieron. |